Experiencia Guiada: "El Gran Error" - Silo



EL GRAN ERROR

Estoy de pie frente a una especie de tribunal. La sala, repleta de gente, permanece en silencio. Por todas partes veo rostros severos. Cortando la tremenda tensión acumulada en la concurrencia, el Secretario (ajustando sus gafas), toma un papel y anuncia solemnemente: “Este Tribunal, condena al acusado a la pena de muerte”.

Inmediatamente se produce un griterío. Hay quienes aplauden, otros abuchean. Alcanzo a ver a una mujer que cae desmayada. Luego, un funcionario logra imponer silencio.
El Secretario me clava su turbia mirada al tiempo que pregunta: “¿Tiene algo que decir?”. Le respondo que sí. Entonces, todo el mundo vuelve a sus asientos. Inmediatamente, pido un vaso con agua y luego de alguna agitación en la sala, alguien me lo acerca. Lo llevo a la boca y tomo un sorbo. Completo la acción con una sonora y prolongada gárgara. Después digo: “ya está!”. Alguien del tribunal me increpa ásperamente “–¡cómo que ya está!”. Le respondo que sí, que ya está. En todo caso, para conformarlo le digo que el agua del lugar es muy buena, que quién lo hubiera dicho, y dos o tres gentilezas por el estilo...

El Secretario, termina de leer el papel con estas palabras: “...por consiguiente, se cumplirá la sentencia hoy mismo dejándolo en el desierto sin alimentos y sin agua. Sobre todo, sin agua. ¡He dicho!” Le pregunto con fuerza: “¿Cómo que... he dicho?”. El Secretario, arqueando las cejas afirma: “¡Lo que he dicho, he dicho!”
Al poco tiempo me encuentro en medio del desierto viajando en un vehículo, escoltado por dos bomberos. Paramos en un punto y uno de ellos dice: “¡Baje!”. Entonces, bajo. El vehículo gira y regresa por donde vino. Lo veo hacerse cada vez más pequeño, a medida que se aleja entre las dunas.

El sol está declinando pero es intenso. Comienzo a sentir mucha sed. Me quito la camisa, colocándola sobre la cabeza. Investigo alrededor. Descubro cerca una hondonada al costado de unas dunas. Voy hacia ellas y termino sentándome en el delgado espacio de sombra que proyecta la ladera. El aire se agita vivamente levantando una nube de arena que oscurece al sol. Salgo de la hondonada temiendo ser sepultado si el fenómeno se acentúa. Las partículas arenosas pegan en mi torso descubierto, como ráfagas de metralla vidriosa. Al poco tiempo la fuerza del viento me ha derribado.

Pasó la tormenta, el sol se ha puesto. En el crepúsculo veo ante mi una semiesfera blanquecina, grande como un edificio de varios pisos. Pienso que se trata de un espejismo. No obstante, me incorporo dirigiéndome hacia ella. A muy poca distancia, advierto que la estructura es de un material terso, como plástico espejado, tal vez henchida por aire comprimido.
Me recibe un sujeto vestido a la usanza beduina. Entramos por un tubo alfombrado. Se corre una plancha y al mismo tiempo me asalta el aire refrescante. Estamos en el interior de la estructura. Observo que todo está invertido. Se diría que el techo es un piso plano del que penden diversos objetos: mesas redondas elevadas con las patas hacia arriba; aguas que cayendo en chorros se curvan y vuelven a subir y formas humanas sentadas en lo alto. Al advertir mi extrañeza, el beduino me pasa unas gafas, mientras dice: “¡póngaselas!”. Obedezco y se restablece la normalidad. Al frente veo una gran fuente que expele verticales chorros de agua. Hay mesas y diversos objetos exquisitamente combinados en color y forma.

Se me acerca gateando el Secretario. Dice que está terriblemente mareado. Entonces le explico que está viendo la realidad al revés y que debe quitarse las gafas. Se las quita y se incorpora suspirando, al tiempo que dice: “En efecto, ahora todo está bien, sólo que soy corto de vista”. Luego agrega que me andaba buscando para explicar que yo no soy la persona a la que debía juzgar; que ha sido una lamentable confusión. Inmediatamente, sale por una puerta lateral.

Caminando unos pasos, me encuentro con un grupo de personas sentadas sobre almohadones en círculo. Son ancianos de ambos sexos, con características raciales y atuendos diferentes. Todos ellos, de hermosos rostros. Cada vez que uno de ellos abre la boca, brotan sonidos como de engranajes lejanos, de máquinas gigantes, de relojes inmensos. Pero también escucho la intermitencia de los truenos, el crujido de las rocas, el desprendimiento de los témpanos, el rítmico rugido de volcanes, el breve impacto de la lluvia gentil, el sordo agitar de corazones; el motor, el músculo, la vida... pero todo ello armonizado y perfecto, como en una orquesta magistral.

El beduino me da unos audífonos, diciendo: “Colóqueselos. Son traductores”. Me los pongo y escucho claramente una voz humana. Comprendo que es la misma sinfonía de uno de los ancianos, traducida para mi torpe oído. Ahora, al abrir él la boca, escucho: “...somos las horas, somos los minutos, somos los segundos... somos las distintas formas del tiempo. Como hubo un error contigo, te daremos la oportunidad de recomenzar tu vida. ¿Dónde quieres empezarla de nuevo? Tal vez desde el nacimiento... tal vez un instante antes del primer fracaso. Reflexiona”. (*)
He tratado de encontrar el momento en el que perdí el control de mi vida. Se lo explico al anciano. (*)

Muy bien –dice él– y ¿cómo vas a hacer, si vuelves a ese momento, para tomar un rumbo diferente? Piensa que no recordarás lo que viene después. Queda otra alternativa, –agrega– puedes volver al momento del mayor error de tu vida y, sin cambiar los acontecimientos, cambiar sin embargo sus significados. De ese modo, puedes hacerte una vida nueva.

En el momento en que el anciano hace silencio, veo que todo a mi alrededor se invierte en luces y colores, como si se transformara en el negativo de una película... hasta que todo vuelve a la normalidad. Pero me encuentro en el momento del gran error de mi vida. (*)

Allí estoy impulsado a cometer el error. ¿Y por qué estoy obligado a hacerlo? (*)
¿No hay otros factores que influyen y no los quiero ver? El error fundamental, ¿a qué cosas se debe? ¿Qué tendría que hacer, en cambio? ¿Si no cometo ese error, cambiará el esquema de mi vida y esta será mejor o peor? (*)

Trato de comprender que las circunstancias que obran no pueden ser modificadas y acepto todo como si fuera un accidente de la naturaleza: como un terremoto, o un río que desbordando su lecho, arruina el trabajo y la vivienda de los pobladores. (*)

Me esfuerzo por aceptar que en los accidentes no hay culpables. Ni mi debilidad; ni mis excesos; ni las intenciones de otros, pueden ser modificadas en este caso. (*)
Sé que si ahora no me reconcilio, mi vida a futuro seguirá arrastrando la frustración. Entonces, con todo mi ser, perdono y me perdono. Admito aquello que ocurrió como algo incontrolable por mi y por otros. (*)

La escena comienza a deformarse invirtiéndose los claroscuros como en un negativo de fotografía. Al mismo tiempo, escucho la voz que me dice: “Si puedes reconciliarte con tu mayor error, tu frustración morirá y habrás podido cambiar tu Destino...”

Estoy de pie en medio del desierto. Veo aproximarse un vehículo. Le grito: “¡Taxi!”. Al poco tiempo estoy sentado cómodamente en los asientos traseros. Miro al conductor que está vestido de bombero y le digo: “Lléveme a casa... no se apure, así tengo tiempo de cambiarme la ropa.” Pienso: “¿Quién no ha sufrido más de un accidente a lo largo de su vida?”





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Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo


Esta experiencia tiene por objeto reencontrar el momento del pasado que, normalmente, toda persona negativiza. En ese punto aparecen los “culpables" de mis aparentes derrotas. He ahí unas de las fuentes de mis frustraciones, de mis resentimientos, de mi conciencia culposa y, a veces, de mi autocompasión. Reenfocar el aparente “gran error" de la propia vida y asumir un nuevo punto de vista sobre el mismo, contribuye a dar coherencia y unidad al proceso afectivo y en general, existencial. Este es un claro ejemplo de meditación dinámica sobre el pasado que propone, además, una fórmula práctica de reconciliación consigo mismo.


Recomendación

Diariamente recrear la experiencia, particularmente en el regreso a la situación del gran fracaso. Examinar todos los factores que actuaron en aquel momento, comprendiendo lo accidental que impulsó a esa dirección.

En esta práctica aparecen por lo menos cuatro tipos de resistencias: 1) imposibilidad de encontrar el momento o situación de “gran error"; 2) imposibilidad de comprender que gracias a ese error he podido obtener otros logros, habiendo llegado hasta el momento actual; 3) imposibilidad de considerar que merced a los problemas detectados, puede eludir situaciones que hubieran resultado más graves y 4) imposibilidad de considerar aquellas situaciones como hechos accidentales que escaparon a todo control mío y de otros, a los cuales atribuyo culpabilidad.

Las resistencias mencionadas, deberán ser meditadas, aparte de la experiencia, verificando en la vida diaria si se producen cambios de enfoque en la situación actual por acción de la reconciliación con el pasado.


Notas: El gran error

La escena de los bomberos como agentes y ejecutores de la justicia, está inspirada en el Fahrenheit 451 de Bradbury. En este caso está tratada la imagen como contraste con la pena de muerte por sed en el desierto. La misma idea permite desarrollar el absurdo del juicio en el que el acusado en lugar de descargar su supuesta culpa, “carga” su boca con un sorbo de agua. Cuando el Secretario concluye diciendo: “¡Lo que he dicho, he dicho!”, no hace sino seguir las palabras de Pilato, rememorando aquél otro juicio surrealista.
Los Ancianos que personifican las horas, están inspirados en el Apocalipsis de Lawrence.
El tema de las gafas inversoras es muy conocido en Psicología experimental y ha sido citado, entre otros, por Merleau-Ponty en La estructura del comportamiento.



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Experiencia Guiada: "El Enemigo" - Silo



EL ENEMIGO

Estoy en el centro de la ciudad, en el momento de mayor actividad comercial. Vehículos y gentes se desplazan apresuradamente. También yo me muevo con urgencia.
De pronto, todo queda paralizado. Únicamente yo tengo movimiento. Entonces, examino a las personas. Me quedo observando a una mujer y luego a un hombre. Doy vueltas alrededor de ellos. Los estudio desde muy cerca. Luego subo al techo de un auto y desde allí miro alrededor comprobando, además, que todo está en silencio. Reflexiono un instante y compruebo que las personas, vehículos y todo tipo de objetos, están a mi disposición. Inmediatamente me pongo a hacer todo lo que quiero, de tal manera y tan frenéticamente que pasado un tiempo quedo agotado. Estoy descansando mientras se me ocurren nuevas actividades. Es así que vuelvo a hacer lo que se me antoja sin prejuicio alguno.
¡Pero a quién veo allí! Nada menos que a ese ejemplar con el que tengo varias cuentas pendientes. En efecto, creo que es quien más me ha perjudicado en toda mi vida... Como las cosas no pueden quedar así, toco de pronto a mi enemigo y veo que recobra alguno de sus movimientos. Me mira con horror y entiende la situación pero está paralizado e indefenso. Por consiguiente,comienzo a decirle todo lo que quiero,prometiéndole mi revancha de inmediato. Sé que siente todo, pero no puede responder, así es que comienzo por recordarle aquellas situaciones en las que me afectó tan negativamente. (*)

Mientras estoy atareado con mi enemigo, aparecen caminando varias personas. Se detienen ante nosotros y empiezan a apremiar al sujeto. Este comienza a responder entre llantos que está arrepentido de lo que ha hecho. Pide perdón y se arrodilla mientras los recién llegados continúan interrogándolo. (*)

Pasado un tiempo, proclaman que una persona tan infame no puede seguir viviendo así es que lo condenan a muerte. Están por lincharlo, mientras la víctima pide clemencia. Entonces lo perdono. Todos acatan mi decisión. Luego el grupo se va muy conforme. Quedamos solos nuevamente. Aprovecho la situación para completar mi desquite, ante su desesperación creciente. De manera que termino por decir y hacer todo lo que me parece adecuado. (*)

El cielo se oscurece violentamente y empieza a llover con fuerza. Mientras busco refugio tras una vidriera, observo que la ciudad recobra su vida normal. Los peatones corren, los vehículos marchan con cuidado por entre cortinas de agua y ráfagas de viento huracanado. Fulgores eléctricos continuados y fuertes truenos enmarcan la escena mientras sigo mirando a través de los cristales. Me siento totalmente relajado, como vacío por dentro, mientras observo casi sin pensar.

En ese momento aparece mi enemigo buscando protección de la tormenta. Se acerca y me dice: “¡qué suerte estar juntos en esta situación!” Me observa tímidamente. Lo reconforto con una suave palmada, mientras se encoge de hombros. (*)

Comienzo a revisar en mi interior,los problemas del otro.Veo sus dificultades,los fracasos de su vida,sus enormes frustraciones,su debilidad.(*)

Siento la soledad de ese ser humano que se cobija a mi lado húmedo y tembloroso. Lo veo sucio, en un abandono patético. (*)

Entonces, en un rapto de solidaridad, le digo que voy a ayudarlo. El no dice palabra alguna. Baja la cabeza y mira sus manos. Advierto que sus ojos se nublan. (*)

Ha cesado la lluvia. Salgo a la calle y aspiro profundamente el aire limpio. Inmediatamente me alejo del lugar.




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Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

El objetivo de esta experiencia es el logro de la reconciliación con el pasado, particularmente con alguna persona con la cual ha quedado alguna secuela de resentimiento. La utilidad de tal reconciliación es obvia y ella beneficiará no solamente nuestro comportamiento externo, sino que permitirá integrar y superar contenidos mentales.


Recomendación

Advertir las resistencias y las contradicciones que se crean entre lo que desearía hacer y decir, y lo que termino realizando en las escenas. Estudiar si la reconciliación producida en la experiencia, modifica la conducta cotidiana respecto al problema. Si las resistencias a la reconciliación no han sido superadas, se sugiere repetir la experiencia.


Notas: El enemigo

La “parálisis” que domina una buena parte del relato, permite recrear situaciones en las que muchas emociones pierden carga por el hecho de enlentecer la dinámica de la imagen. Es así como se puede generar un clima de reconciliación, agregando que quien “perdona” se encuentra en situación de superioridad respecto del que en otro momento llevaba la iniciativa, o sea, del que era “ofensor”.


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Experiencia Guiada: "El Niño" - Silo


EL NIÑO


Voy caminando por el campo. Es de mañana, muy temprano. A medida que avanzo me siento seguro y alegre.
Alcanzo a divisar una construcción de aspecto antiguo. Parece hecha de piedra. También el techo, a dos aguas, es como de piedra. Grandes columnas de mármol resaltan en el frente. Llego al edificio y veo una puerta de metal, al parecer muy pesada. Desde un costado, sorpresivamente, salen dos animales feroces que se me abalanzan. Afortunadamente, quedan retenidos por sendas cadenas tensas, a muy corta distancia de mí. No tengo cómo llegar a la puerta sin que los animales me ataquen. Entonces, les arrojo un bulto que contiene comida. Las bestias lo engullen y quedan dormidas.

Me acerco a la puerta. La examino. No veo cerrojo ni otro elemento a utilizar para abrirla. Sin embargo, empujo suavemente y la hoja se abre con un sonido metálico de siglos. Un ambiente muy largo y suavemente iluminado, queda al descubierto. No alcanzo a ver el fondo. A izquierda y derecha hay cuadros que llegan hasta el suelo. Son tan grandes como personas. Cada uno representa escenas diferentes. En el primero, a mi izquierda, figura un hombre sentado tras una mesa sobre la que hay barajas, dados y otros elementos de juego. Me quedo observando el extraño sombrero con que está cubierta la cabeza del jugador. Entonces, trato de acariciar la pintura en la parte del sombrero pero no siento resistencia al tacto, sino que el brazo entra en el cuadro. Introduzco una pierna y luego todo mi cuerpo en el interior del cuadro. El jugador levanta una mano y exclama: “¡Un momento, no puede pasar si no paga la entrada!” Busco entre mis ropas, extraigo una esferita de cristal y se la doy. El jugador hace un gesto afirmativo y paso por su lado.

Estoy en un parque de diversiones. Es de noche. Veo por todas partes juegos mecánicos plenos de luz y movimiento... pero no hay nadie. Sin embargo, descubro cerca mío a un chico de unos diez años. Está de espaldas. Me acerco y cuando gira para mirarme, advierto que soy yo mismo cuando era niño. (*)

Le pregunto qué hace allí y me dice algo referente a una injusticia que le han hecho. Se pone a llorar y lo consuelo prometiéndole llevarlo a los juegos. Él insiste en la injusticia. Entonces, para entenderlo, comienzo a recordar cuál fue la injusticia que padecí a esa edad. (*)

Ahora recuerdo y por algún motivo comprendo que es parecida a la injusticia que sufro en la vida actual. Me quedo pensando, pero el niño continúa con su llanto. (*)

Entonces digo: “Bueno, voy a arreglar esa injusticia que al parecer me hacen. Para eso, comenzaré a ser amigable con las personas que me crean esa situación”. (*)

Veo que el niño ríe. Lo acaricio y le digo que volveremos a vernos. Me saluda y se va muy contento. Salgo del parque, pasando al lado del jugador que me mira de soslayo. En ese momento toco su sombrero y el personaje guiña un ojo burlonamente. Emerjo del cuadro y me encuentro en el ambiente largo, nuevamente. Entonces, caminando con paso lento, salgo por la puerta. Afuera, los animales duermen. Paso entre ellos sin sobresalto.

El día espléndido me acoge. Regreso por el campo abierto con la sensación de haber comprendido una situación extraña cuyas raíces se hunden en un tiempo lejano. (*)




Experiencia Guiada "El Niño"




Experiencia Guiada "El Niño"



Experiencia Guiada "El Niño"



Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

Se trata de resaltar los primeros registros de injusticia, por ello se radica la escena en una época infantil. La sensación de injusticia actual a la que también se recurre, es cotejada con las primeras experiencias de ese tipo a fin de encontrar una relación que permita integrar esos contenidos aparentemente separados en un mismo sistema de comprensión. La intención está puesta en liberarse de sentimientos negativos, que limitan el comportamiento en el mundo de relación.


Recomendación


Es importante reconocer en la vida cotidiana, situaciones en las que uno está sometido a determinadas injusticias. Habrá que preguntarse que tipo de injusticias sufre uno especialmente y más aún, si la mayoría de ellas (sobre todo las que uno siente como importantes) se refieren a la misma situación o están ligadas a cierto tipo de personas. Con estas ideas en claro, no será difícil encontrar un estrecho vínculo con las experiencias infantiles. En cuanto a la reconciliación con las personas productoras de tales “injusticias", no es tarea fácil y tal propuesta suscita fuertes reacciones. No obstante, el vencimiento de esas resistencias en la vida diaria o, por lo menos, al repetir esta experiencia guiada, puede abrir nuevas posibilidades de comportamiento y de enfoque sobre nuestro mundo de relación.

Notas: El niño

El cuadro por el que se penetra al parque de diversiones está inspirado en la primera carta del Taroquis. Se trata de la imagen de un jugador, a la que siempre ha sido asociada la inversión de la realidad, el escamoteo y el truco. Es pariente del prestidigitador y abre una veta de irracionalidad que permite entrar en esa dimensión de maravilla propicia para el recuerdo infantil.


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Conferencia y Libro "Experiencias Guiadas" Silo - Descarga y Videos

A este material se lo puede considerar desde diferentes puntos de vista. El más superficial nos muestra una serie de relatos breves con final feliz. Otro enfoque revela a esta obra como una serie de prácticas psicológicas apoyadas en formas literarias.

Todo el libro está escrito en primera persona pero se debe destacar que esa “primera persona” no es la que habitualmente apreciamos en otro tipo de escritos porque aquí no se trata de la primera persona del autor sino del lector. Siempre hay una especial ambientación que sirve en cada cuento como enmarque para que el lector llene la escena con su propia personalidad y sus propias ocurrencias. Colaborando con estos ejercicios aparece en los textos un asteriscado (*), que marca pausas y ayuda a introducir mentalmente las imágenes que convierten a un lector pasivo en actor y coautor de cada descripción.

Esa originalidad permite, a su vez, que una persona lea en voz alta (marcando las interrupciones mencionadas) y que otras, escuchando, imaginen su propio "nudo" literario. Tal cosa que en estos escritos es la tónica, en otros más convencionales destruiría toda secuencia argumental.

Debe anotarse que en toda pieza literaria el lector o el espectador (si se trata de representaciones teatrales, fílmicas o televisivas), puede identificarse más o menos plenamente con los personajes pero reconociendo en el momento o, posteriormente, diferencias entre el actor que aparece incluido en la obra y el observador que está "afuera" de la producción y no es otro que él mismo. En este libro ocurre lo contrario: el personaje es el observador, agente y paciente de acciones y emociones.

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Este libro está dividido en dos partes. La primera, titulada Narraciones, es un conjunto de trece cuentos y constituye el cuerpo más denso y complejo. La segunda, bajo el título de Juegos de Imágenes, consta de nueve descripciones más sencillas que las de la primera parte.Experiencias Guiadas fue escrito en 1980 y corregido en 1988.


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Conferencia sobre libro Mitos Raices Universales - Silo (Extracto)



Este es el rapto de aquellos seres no comprendidos en su naturaleza íntima, grandes poderes que hicieron todo lo conocido y lo aún desconocido.

Esta es la rapsodia de la naturaleza externa de los dioses, de la acción vista y cantada por humanos que pudieron ubicarse en el mirador de lo sagrado.

Esto es lo que apareció como señal fijada en tiempo eterno capaz de alterar el orden y las leyes y la pobre cordura. Aquello que los mortales desearon que los dioses hicieran; aquello que los dioses hablaron a través de los hombres.



Mitos raíces universales, se escribió en 1990. En él se cotejan y comentan las imágenes colectivas más antiguas que las distintas culturas han plasmado como mitos.

Link Video Spot Mitos Raices Universales

Se trata de un trabajo de exégesis, de interpretación sobre textos ajenos que, en parte, aparecen reelaborados tratando con esto de llenar los vacíos que presentan los originales y de superar las dificultades de las traducciones en las que nos basáramos. En el escrito se trató de aislar aquellos mitos que conservaban una cierta permanencia en su argumento central aunque a través del tiempo se modificaran nombres y atributos secundarios. Esos mitos, a los que llamamos “raíces”, tomaron además el carácter de universales no solamente por la dispersión geográfica a que llegaron sino por la adopción que otros pueblos hicieron de ellos.

Considerando la doble función que nosotros atribuimos a la imagen como traducción de tensiones vitales y como impulso de conducta en dirección a la descarga de dichas tensiones, la imagen colectiva plasmada en el mito nos sirve para entender su base psicosocial. Por ello, Mitos raíces universales nos acerca a la comprensión de los factores de cohesión y orientación de los grupos humanos más allá de que los mitos en cuestión posean una dimensión religiosa o simplemente actúen como fuertes creencias sociales.

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Conferencia Mitos Raices Universales (esxtracto)

"...cuando hablamos de fuertes creencias sobre las que montamos nuestra interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más generales, nuestra irracional escala de valores, estamos tocando la estructura del mito que no estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en la que nos sentimos como hojas arrastradas por el viento. Estos mitos privados o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda solo podemos advertir ciertas imágenes que nos guían en una determinada dirección.

Cada momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva, sacralizada o no, que sirve a la cohesión de los conjuntos humanos, que les da identidad y participación en un ámbito común. Discutir los mitos básicos de época significa exponerse a una reacción irracional de diferente intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos históricos cambian y así, lo que en un tiempo anterior era repelido, comienza a ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad más plena.

Discutir en el momento actual el gran mito del dinero implica suscitar una reacción que impide el diálogo.Rápidamente nuestro interlocutor se defiende afirmando, por ejemplo: “¡cómo que el dinero es un mito, si es necesario para vivir!”; o bien: “un mito es algo falso, algo que no se ve; en cambio el dinero es una realidad tangible mediante la cual se mueven las cosas”, etcétera. De nada valdrá que expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye a las cosas y la carga psicológica que ese signo tiene. Ya nos habremos convertido en sospechosos. Inmediatamente nuestro oponente comienza a observarnos con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta, exorcizando la herejía mientras calcula los precios de nuestra ropa que, indudablemente, ha costado dinero... reflexiona en torno a nuestro peso y las calorías diarias que consumimos, piensa en el lugar en que vivimos y así siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo algo así: “En verdad hay que distinguir entre el dinero que se necesita para vivir y el dinero innecesario” ...pero esa concesión ha llegado a destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las instituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es decir, distintas “realidades” que atestiguan una eficacia que aparentemente nosotros negamos. Bien vistas las cosas, en esta ficción pintoresca, no hemos negando la eficacia instrumental del dinero, es más, lo hemos dotando de un gran poder psicológico al comprender que a ese objeto se le atribuye más magia que la que realmente tiene. Él nos dará la felicidad y de alguna manera la inmortalidad, en la medida que impida que nos preocupemos por el problema de la muerte.

El dinero como fetiche ha sufrido transformaciones. Por lo menos en Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo por sus especiales cualidades. La Alquimia Medieval se ocupó en producirlo artificialmente. Era un oro todavía sacralizado al que se atribuía el poder de multiplicarse sin límite, que servía como medicamento universal y que daba la longevidad además de la riqueza. También ese oro movió afanosas búsquedas en las tierras de América. No me refiero solamente a la llamada “fiebre del oro” que impulsó a aventureros y colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo de Eldorado que buscaban algunos conquistadores y que también estuvo asociado con mitos menores como la fuente de juventud.

Pero un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa, numerosos objetos están nimbados por cargas transferidas del núcleo central. El automóvil que nos presta utilidad, es también un símbolo del dinero, del “status” que nos abre las puertas a más dinero.

Sobre este particular, Greeley dice: “Basta con visitar el salón anual del automóvil para reconocer una manifestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música, la reverencia de los adoradores, la presencia de las sacerdotisas del templo (las modelos), la pompa y el lujo, el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto constituiría en otra civilización un oficio auténticamente litúrgico). El culto del automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados. El gnóstico no esperaba con más impaciencia la revelación oracular que el adorador del automóvil los primeros rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de automóviles), cobran una importancia nueva, al mismo tiempo que una multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una nueva forma de salvación”.
Por supuesto no estoy de acuerdo con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche-automóvil. Pero de todas maneras tiene la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto contemporáneo. En verdad se trata de un mito desacralizado y, por tanto, tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado, pero justamente sin su característica fundamental de fuerza autónoma, pensante e independiente. Si el autor tiene en cuenta los ritos de la periodicidad anual, también vale su descripción para las celebraciones de los cumpleaños, Año Nuevo, entrega del Oscar o ritos civiles semejantes que no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados. Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos inmediatos. También hubiera sido de interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades míticas y el de las fuerzas mágicas en los que la oración es reemplazada por el rito de encantamiento, pero también este tema está más allá del presente estudio.

Cuando consideramos uno de los mitos desacralizados centrales de esta época (me refiero al dinero), lo tuvimos en cuenta como núcleo de un sistema de ideación. Me imagino que los oyentes no habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo es la masa central alrededor del cual giran los electrones. En verdad el núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a gran parte de la vida de las personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores están relacionados con ese tema. La cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los hechos conectan con el núcleo. En nuestro ejemplo, la historia de la humanidad tomará un carácter económico y esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen los conflictos que discuten la supremacía del dinero.

Sea como fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro. Un momento en el que una nueva escala de valores y una nueva sensibilidad parecen asomar..."

Link al Video Conferencia Mitos Raices Universales - Silo (Extracto)

"...Si se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que eso, precisamente, está ocurriendo. Sólo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y verdaderamente humana, en la que la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre. Entonces, como dice un viejo libro, “las armas serán convertidas en herramientas de labranza”.

CENTRO CULTURAL SAN MARTÍN. BUENOS AIRES, ARGENTINA.
18 DE ABRIL DE 1991

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