Conferencia sobre libro Mitos Raices Universales - Silo (Extracto)



Este es el rapto de aquellos seres no comprendidos en su naturaleza íntima, grandes poderes que hicieron todo lo conocido y lo aún desconocido.

Esta es la rapsodia de la naturaleza externa de los dioses, de la acción vista y cantada por humanos que pudieron ubicarse en el mirador de lo sagrado.

Esto es lo que apareció como señal fijada en tiempo eterno capaz de alterar el orden y las leyes y la pobre cordura. Aquello que los mortales desearon que los dioses hicieran; aquello que los dioses hablaron a través de los hombres.



Mitos raíces universales, se escribió en 1990. En él se cotejan y comentan las imágenes colectivas más antiguas que las distintas culturas han plasmado como mitos.

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Se trata de un trabajo de exégesis, de interpretación sobre textos ajenos que, en parte, aparecen reelaborados tratando con esto de llenar los vacíos que presentan los originales y de superar las dificultades de las traducciones en las que nos basáramos. En el escrito se trató de aislar aquellos mitos que conservaban una cierta permanencia en su argumento central aunque a través del tiempo se modificaran nombres y atributos secundarios. Esos mitos, a los que llamamos “raíces”, tomaron además el carácter de universales no solamente por la dispersión geográfica a que llegaron sino por la adopción que otros pueblos hicieron de ellos.

Considerando la doble función que nosotros atribuimos a la imagen como traducción de tensiones vitales y como impulso de conducta en dirección a la descarga de dichas tensiones, la imagen colectiva plasmada en el mito nos sirve para entender su base psicosocial. Por ello, Mitos raíces universales nos acerca a la comprensión de los factores de cohesión y orientación de los grupos humanos más allá de que los mitos en cuestión posean una dimensión religiosa o simplemente actúen como fuertes creencias sociales.

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Conferencia Mitos Raices Universales (esxtracto)

"...cuando hablamos de fuertes creencias sobre las que montamos nuestra interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más generales, nuestra irracional escala de valores, estamos tocando la estructura del mito que no estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en la que nos sentimos como hojas arrastradas por el viento. Estos mitos privados o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda solo podemos advertir ciertas imágenes que nos guían en una determinada dirección.

Cada momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva, sacralizada o no, que sirve a la cohesión de los conjuntos humanos, que les da identidad y participación en un ámbito común. Discutir los mitos básicos de época significa exponerse a una reacción irracional de diferente intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos históricos cambian y así, lo que en un tiempo anterior era repelido, comienza a ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad más plena.

Discutir en el momento actual el gran mito del dinero implica suscitar una reacción que impide el diálogo.Rápidamente nuestro interlocutor se defiende afirmando, por ejemplo: “¡cómo que el dinero es un mito, si es necesario para vivir!”; o bien: “un mito es algo falso, algo que no se ve; en cambio el dinero es una realidad tangible mediante la cual se mueven las cosas”, etcétera. De nada valdrá que expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye a las cosas y la carga psicológica que ese signo tiene. Ya nos habremos convertido en sospechosos. Inmediatamente nuestro oponente comienza a observarnos con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta, exorcizando la herejía mientras calcula los precios de nuestra ropa que, indudablemente, ha costado dinero... reflexiona en torno a nuestro peso y las calorías diarias que consumimos, piensa en el lugar en que vivimos y así siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo algo así: “En verdad hay que distinguir entre el dinero que se necesita para vivir y el dinero innecesario” ...pero esa concesión ha llegado a destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las instituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es decir, distintas “realidades” que atestiguan una eficacia que aparentemente nosotros negamos. Bien vistas las cosas, en esta ficción pintoresca, no hemos negando la eficacia instrumental del dinero, es más, lo hemos dotando de un gran poder psicológico al comprender que a ese objeto se le atribuye más magia que la que realmente tiene. Él nos dará la felicidad y de alguna manera la inmortalidad, en la medida que impida que nos preocupemos por el problema de la muerte.

El dinero como fetiche ha sufrido transformaciones. Por lo menos en Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo por sus especiales cualidades. La Alquimia Medieval se ocupó en producirlo artificialmente. Era un oro todavía sacralizado al que se atribuía el poder de multiplicarse sin límite, que servía como medicamento universal y que daba la longevidad además de la riqueza. También ese oro movió afanosas búsquedas en las tierras de América. No me refiero solamente a la llamada “fiebre del oro” que impulsó a aventureros y colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo de Eldorado que buscaban algunos conquistadores y que también estuvo asociado con mitos menores como la fuente de juventud.

Pero un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa, numerosos objetos están nimbados por cargas transferidas del núcleo central. El automóvil que nos presta utilidad, es también un símbolo del dinero, del “status” que nos abre las puertas a más dinero.

Sobre este particular, Greeley dice: “Basta con visitar el salón anual del automóvil para reconocer una manifestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música, la reverencia de los adoradores, la presencia de las sacerdotisas del templo (las modelos), la pompa y el lujo, el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto constituiría en otra civilización un oficio auténticamente litúrgico). El culto del automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados. El gnóstico no esperaba con más impaciencia la revelación oracular que el adorador del automóvil los primeros rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de automóviles), cobran una importancia nueva, al mismo tiempo que una multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una nueva forma de salvación”.
Por supuesto no estoy de acuerdo con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche-automóvil. Pero de todas maneras tiene la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto contemporáneo. En verdad se trata de un mito desacralizado y, por tanto, tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado, pero justamente sin su característica fundamental de fuerza autónoma, pensante e independiente. Si el autor tiene en cuenta los ritos de la periodicidad anual, también vale su descripción para las celebraciones de los cumpleaños, Año Nuevo, entrega del Oscar o ritos civiles semejantes que no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados. Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos inmediatos. También hubiera sido de interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades míticas y el de las fuerzas mágicas en los que la oración es reemplazada por el rito de encantamiento, pero también este tema está más allá del presente estudio.

Cuando consideramos uno de los mitos desacralizados centrales de esta época (me refiero al dinero), lo tuvimos en cuenta como núcleo de un sistema de ideación. Me imagino que los oyentes no habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo es la masa central alrededor del cual giran los electrones. En verdad el núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a gran parte de la vida de las personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores están relacionados con ese tema. La cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los hechos conectan con el núcleo. En nuestro ejemplo, la historia de la humanidad tomará un carácter económico y esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen los conflictos que discuten la supremacía del dinero.

Sea como fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro. Un momento en el que una nueva escala de valores y una nueva sensibilidad parecen asomar..."

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"...Si se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que eso, precisamente, está ocurriendo. Sólo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y verdaderamente humana, en la que la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre. Entonces, como dice un viejo libro, “las armas serán convertidas en herramientas de labranza”.

CENTRO CULTURAL SAN MARTÍN. BUENOS AIRES, ARGENTINA.
18 DE ABRIL DE 1991

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