Contribuyendo a los actuales intercambios para pensar una nueva forma organizativa, les ofrecemos un ejercicio de imaginación: las estructuras en red. Desde hace varios años, el Negro viene insistiendo en la necesidad de "descentralizar", de superar los burocratismos (leer Cartas a mis amigos). Tal vez haya llegado la hora de descentralizar en serio.
Hasta los años '90, la centralización de decisiones y la división de funciones tenía un sentido. Básicamente, porque coordinar un gran número de personas era un desafío organizativo muy importante para el que todavía no contábamos con mail ni telefonía celular. Y los "cuadros" militantes de aquella época cumplían esa función. La única manera de ganar en eficiencia era centralizar, jerarquizar, dividir funciones. El exponente de esto es la división en consejos y la Asamblea de coordinadores generales.
Pero la masificación del acceso a internet, las listas de correo y las redes sociales, dio vuelta todo de un saque y para siempre. Hoy cualquiera puede enviarle un mail a un coordinador general, "puenteando" varios niveles, y coordinar acciones con otros consejos como si fueran hermanos. Y, de hecho, ya está sucediendo. Y Facebook es una muestra cabal de todo esto.
Entonces, en este contexto, ¿cuál es el sentido de mantener unas estructuras ya superadas en la práctica? Es, como dice el Negro respecto a las creencias y las ideologías: llega un momento que nos quedan chicas y sentimos que nos ahogan, nos encorsetan. No es nada malo. Es porque estamos creciendo.
Hoy la mejor manera de relacionarnos entre nosotros es mediante estructuras en red. Éstas no tienen centro y se forman mediante una trama de vínculos voluntarios y transitorios. Ya no habrá más consejos permanentes, sino frentes de acción temporarios, móviles, con su propio ciclo de vida, creados para "hacer frente" a una coyuntura particular.
Un frente de acción (los frentes son, por definición, horizontales) no necesitan de jerarquías sino de entusiasmo y coordinación. Se establecen cuando los activistas se conectan con algún interés en común e intercambian información y recursos, de igual a igual. Un beneficio claro de este nuevo tipo de organización es que se es amigo del otro. En los consejos, los niveles alejaban y enfríaban el vínculo entre los militantes. Una buena noticia entonces: ahora, en red, vamos a poder ser realmente amigos del otro y no "su" orientador.
Otra de las ventajas de la organización en red: la comunicación es más libre y fluida, lo que facilita la creatividad y la innovación. Cada uno puede explorar y ensayar nuevos caminos, sin necesidad de tener que convencer a nadie ni esperar a que nadie apruebe su decisión. Nadie puede prever como actuará una red en cada momento, y esa es una gran virtud!
El tan ansiado crecimiento ya no vendrá por acumulación, afortunadamente. Las estructuras en red se comportan como la vida misma, que se expande cada vez más, creando cada vez más y nuevos organismos y frentes de acción autónomos. Como las células, las redes crecen por multiplicación, no tanto aumentando el número de personas y la cantidad de recursos de un solo grupo, sino impulsando la creación de nuevos "espacios de participación" (frentes, actividades,...) siempre y cuando el contexto lo requiera. Cuantas más acciones y más variadas sean, la red es más fuerte. Así que otra buena noticia: ya no tendremos que competir, sino que pasamos a colaborar y complementarnos.
La convergencia de activistas en un mismo frente se construye negociando las propias diferencias (de opinión, de estilo, de gustos...). Debatir si un afiche debe ser de tal o cual color es irrelevante porque lo realmente decisivo es la acción que lleva a cabo el conjunto. De ahora en más, se abre una nueva oportunidad para cultivar el respeto y el buen trato recíproco entre nosotros. Y llevar a la práctica, la Regla de Oro: trata a los demás como quieras que te traten.
Hay algunos momentos en el transcurso del proceso conjunto, donde se
experimenta una clara y evidente necesidad de producir cambios en las
actitudes, enfoques y motivaciones con los cuales se venía
construyendo.
Es como si un ciclo se hubiera agotado y fuera necesario transitar, como
en un espiral ascendente, hacia nuevos espacios de nuestro mundo
interno.
Es importante captar estos momentos particulares, para no quedarse
detenido y estancado internamente.
Distinguimos 3 pasos para lograr esta renovación:
A. Integración. Se detectan las actitudes, enfoques y motivaciones que
agotaron su ciclo. Si hubiera necesidad de reconciliaciones con uno
mismo o con otros, se realizan. Se alisa lo recordado hasta llegar al
registro de “memoria verdadera”.
B. Agradecimiento. Se agradece internamente lo vivido, al permitirnos
ir hacia una nueva etapa ascendente.
C. La renovación. Se eligen emotiva e intelectualmente las nuevas
actitudes, enfoques y motivaciones que buscaremos consolidar en el
futuro próximo. Se busca el registro de “atracción por el futuro y gusto
por lo que vendrá”.
Al completar con precisión estos pasos, sentiremos la certeza de que una
nueva etapa comienza y que a ese futuro lo transitaremos con renovada
fuerza.
Los humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de ésta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.
Los humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más extendido. Piensan en el porvenir, luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.
Los humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.
Los humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie. Los humanistas no quieren un Estado centralizado, ni un Paraestado que lo reemplace. Los humanistas no quieren ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan.
Pero entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo. Leer mas... ▼
I. EL CAPITAL MUNDIAL He aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es gobierno, es ley, es poder. Es, basicamente, subsistencia. Pero además es el Arte, es la Filosofía y es la Religión. Nada se hace sin dinero; nada se puede sin dinero. No hay relaciones personales sin dinero. No hay intimidad sin dinero y aún la soledad reposada depende del dinero.
Pero la relación con esa "verdad universal" es contradictoria. Las mayorías no quieren este estado de cosas. Estamos pues, ante la tiranía del dinero. Una tiranía que no es abstracta porque tiene nombre, representantes, ejecutores y procedimientos indudables.
Hoy no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni siquiera de intereses de grupos regionales. Hoy se trata de que aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados del capital financiero internacional. Un capital especulador que se va concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que la banca se haga cargo de las decisiones finales. Está llegando el tiempo en que las mismas compañías, así como los campos y las ciudades, serán propiedad indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado.
Parejamente, la vieja solidaridad se evapora. En definitiva, se trata de la desintegración del tejido social y del advenimiento de millones de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí a pesar de las penurias generales. El gran capital domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología suficiente. Y, así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación.
Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda einstrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialecticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos. Y si es que este neoirracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista, cuanto de la falsedades de la democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero es necesario dar una orientación a éstos fenómenos que de otro modo se estancarán en un espontaneísmo sin progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo los temas fundamentales de los factores de la producción.
Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual situación los humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el "riesgo" que asume la inversión.... como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganacia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.
En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.
Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.
II. LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA DEMOCRACIA REAL Gravemente se ha ido arruinando el edificio de la democracia al resquebrajarse sus bases pricipales: la independencia entre poderes, la representatividad y el respeto a las minorías.
La teórica independencia entre poderes es un contrasentido. Basta pesquisar en la práctica el orígen y composición de cada uno de ellos, para comprobar las íntimas relaciones que los ligan. No podría ser de otro modo. Todos forman parte de un mismo sistema. De manera que las frecuentes crisis de avance de unos sobre otros, de superposición de funciones, de corrupción e irregularidad, se corresponden con la situación global, económica y política, de un país dado.
En cuanto a la representatividad. Desde la época de la extensión del sufragio universal se pensó que existía un solo acto entre la elección y la conclusión del mandato de los representantes del pueblo. Pero a medida que ha transcurrido el tiempo se ha visto claramente que existe un primer acto mediante el cual muchos eligen a pocos y un segundo acto en el que estos pocos traicionan a los muchos, representando a intereses ajenos al mandato recibido. Ya ese mal se incuba en los partidos políticos reducidos a cúpulas separadas de las necesidades del pueblo. Ya, en la máquina partidaria, los grandes intereses financian candidatos y dictan las políticas que éstos deberán seguir. Todo esto evidencia una profunda crisis en el concepto y la implementación de la representatividad.
Los humanistas luchan para transformar la práctica de la representatividad dando la mayor importancia a la consulta popular, el plebiscito y la elección directa de los candidatos. Porque aún existen, en numerosos países, leyes que subordinan candidatos independientes a partidos políticos, o bien, subterfugios y limitaciones económicas para presentarse ante la voluntad de la sociedad. Toda Constitución o ley que se oponga a la capacidad plena del ciudadano de elegir y ser elegido, burla de raíz a la democracia real que está por encima de toda regulación jurídica. Y, si se trata de igualdad de oportunidades, los medios de difusión deben ponerse al servicio de la población en el período electoral en que los candidatos exponen sus propuestas, otorgando a todos exactamente las mismas oportunidades. Por otra parte, deben imponerse leyes de reponsabilidad política mediante las cuales todo aquel que no cumpla con lo prometido a sus electores arriesgue el desafuero, la destitución o el juicio político. Porque el otro expediente, el que actualmente se sostiene, mediante el cual los individuos o los partidos que no cumplan sufrirán el castigo de las urnas en elección futura, no interrumpe en absoluto el segundo acto de traición a los representados. En cuanto a la consulta directa sobre los temas de urgencia, cada día existen más posibilidades para su implementación tecnológica. No es el caso de priorizar las encuestas y los sondeos manipulados, sino que se trata de facilitar la participación y el voto directo a través de medios electrónicos y computacionales avanzados. En una democracia real debe darse a las minorías las garantías que merece su representatividad pero, además, debe extremarse toda medida que favorezca en la práctica su inserción y desarrollo. Hoy, las minorías acosadas por la xenofobia y la discriminación piden angustiosamente su reconocimiento y, en ese sentido, es responsabilidad de los humanistas elevar este tema al nivel de las discusiones más importantes encabezando la lucha en cada lugar hasta vencer a los neofascismos abiertos o encubiertos. En definitiva, luchar por los derechos de las minorías es luchar por los derechos de todos los seres humanos.
Pero también ocurre en el conglomerado de un país que provincias enteras, regiones o autonomías , padecen la misma discriminación de las minorías merced a la compulsión del Estado centralizado, hoy instrumento insensible en manos del gran capital. Y esto deberá cesar cuando se impulse una organización federativa en la que el poder político real vuelva a manos de dichas entidades históricas y culturales.
En definitiva, poner por delante los temas del capital y el trabajo, los temas de la democracia real, y los objetivos de la descentralización del aparato estatal, es encaminar la lucha política hacia la creación de un nuevo tipo de sociedad. Una sociedad flexible y en constante cambio, acorde con las necesidades dinámicas de los pueblos hoy por hoy asfixiados por la dependencia.
III. LA POSICION HUMANISTA La acción de los humanistas no se inspira en teorías fantasiosas acerca de Dios, la Naturaleza, la Sociedad o la Historia. Parte de las necesidades de la vida que consisten en alejar el dolor y aproximar el placer. Pero la vida humana agrega a las necesidades su previsión a futuro basándose en la experiencia pasada y en la intención de mejorar la situación actual. Su experiencia no es simple producto de selecciones o acumulaciones naturales y fisiológicas, como sucede en todas las especies, sino que es experiencia social y experiencia personal lanzadas a superar el dolor actual y a evitarlo a futuro. Su trabajo, acumulado en producciones sociales, pasa y se transforma de generación en generación en lucha contínua por mejorar las condiciones naturales, aún las del propio cuerpo. Por esto, al ser humano se lo debe definir como histórico y con un modo de acción social capaz de transformar al mundo y a su propia naturaleza. Y cada vez que un individuo o un grupo humano se impone violentamente a otros, logra detener la historia convirtiendo a sus víctimas en objetos "naturales". La naturaleza no tiene intenciones, así es que al negar la libertad y las intenciones de otros, se los convierte en objetos naturales, en objetos de uso.
El progreso de la humanidad, en lento ascenso, necesita transformar a la naturaleza y a la sociedad eliminando la violenta apropiación animal de unos seres humanos por otros. Cuando esto ocurra, se pasará de la prehistoria a una plena historia humana. Entre tanto, no se puede partir de otro valor central que el del ser humano pleno en sus realizaciones y en su libertad. Por ello los humanistas proclaman: "Nada por encima del ser humano y ningún ser humano por debajo de otro". Si se pone como valor central a Dios, al Estado, al Dinero o a cualquier otra entidad, se subordina al ser humano creando condiciones para su ulterior control o sacrificio. Los humanistas tienen claro este punto. Los humanistas son ateos o creyentes, pero no parten de su ateísmo o de su fé para fundamentar su visión del mundo y su acción. Parten del ser humano y de sus necesidades inmediatas. Y, si en su lucha por un mundo mejor creen descubrir una intención que mueve la Historia en dirección progresiva, ponen esa fé o ese descubrimiento al servicio del ser humano.
Los humanistas plantean el problema de fondo: saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.
Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.
Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal, con la vida social. No plantean falsas antinomias y en ello radica su coherencia.
Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Antihumanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo.
Porque el Humanismo se basa en la libertad de elección, posee la única ética valedera del momento actual. Así mismo, porque cree en la intención y la libertad distingue entre el error y la mala fé, entre el equivocado y el traidor.
IV. DEL HUMANISMO INGENUO AL HUMANISMO CONCIENTE Es en la base social, en los lugares de labor y habitación de los trabajadores donde el Humanismo debe convertir la simple protesta en fuerza conciente orientada a la transformación de las estructuras económicas.
En cuanto a los miembros combativos de las organizaciones gremiales y los miembros de partidos políticos progresistas, su lucha se hará coherente en la medida en que tiendan a transformar las cúpulas de las organizaciones en las que están incriptos dándole a sus colectividades una orientación que ponga en primer lugar, y por encima de reivindicaciones inmediatistas, los planteos de fondo que propicia el Humanismo.
Vastas capas de estudiantes y docentes, normalmente sensibles a la injusticia, irán haciendo conciente su voluntad de cambio en la medida en que la crisis general del sistema los afecte. Y, por cierto, la gente de Prensa en contacto con la tragedia cotidiana está hoy en condiciones de actuar en dirección humanista al igual que sectores de la intelectualidad cuya producción está en contradicción con las pautas que promueve este sistema inhumano.
Son numerosas las posturas que, teniendo por base el hecho del sufrimiento humano, invitan a la acción desinteresada a favor de los desposeídos o los discriminados. Asociaciones, grupos voluntarios y sectores importantes de la población se movilizan, en ocasiones, haciendo su aporte positivo. Sin duda que una de sus contribuciones consiste en generar denuncias sobre esos problemas. Sin embargo, tales grupos no plantean su acción en términos de transformación de las estructuras que dan lugar a esos males. Estas posturas se inscriben en el Humanitarismo más que en el Humanismo consciente. En ellas se encuentran ya protestas y acciones puntuales susceptibles de ser profundizadas y extendidas.
V. EL CAMPO ANTIHUMANISTA A medida que las fuerzas que moviliza el gran capital van asfixiando a los pueblos, surjen posturas incoherentes que comienzan a fortalecerse al explotar ese malestar canalizándolo hacia falsos culpables. En la base de estos neofascismos está una profunda negación de los valores humanos. También en ciertas corrientes ecologistas desviatorias se apuesta en primer término a la naturaleza en lugar del hombre. Ya no predican que el desastre ecológico es desastre, justamente, porque hace peligrar a la humanidad sino porque el ser humano ha atentado contra la naturaleza. Según algunas de estas corrientes, el ser humano está contaminado y por ello contamina a la naturaleza. Mejor sería, para ellos, que la medicina no hubiera tenido éxito en el combate con las enfermedades y en el alargamiento de la vida. "La Tierra primero", gritan histéricamente, recordando las proclamas del nazismo. Desde allí a la discriminación de culturas que contaminan, de extranjeros que ensucian y polucionan, hay un corto paso. Estas corrientes se incriben también en el Antihumanismo porque en el fondo desprecian al ser humano. Sus mentores se desprecian a sí mismos, reflejando las tendencias nihilistas y suicidas a la moda.
Una franja importante de gente perceptiva también adhiere al ecologismo porque entiende la gravedad del problema que este denuncia. Pero si ese ecologismo toma el carácter humanista que corresponde, orientará la lucha hacia los promotores de la catástrofe, a saber: el gran capital y la cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del complejo militar-industrial. Antes de preocuparse por las focas se ocupará del hambre, el hacinamiento, la mortinatalidad, las enfermedades y los déficits sanitarios y habitacionales en muchas partes del mundo. Y destacará la desocupación, la explotación, el racismo, la discriminación y la intolerancia, en el mundo tecnologicamente avanzado. Mundo que, por otra parte, está creando los desequilibrios ecológicos en aras de su crecimiento irracional.
No es necesario extenderse demasiado en la consideración de las derechas como instrumentos políticos del Antihumanismo. En ellas la mala fé llega a niveles tan altos que, periódicamente, se publicitan como representantes del "Humanismo". En esa dirección, no ha faltado tampoco la astuta clerigalla que ha pretendido teorizar en base a un ridículo "Humanismo Teocéntrico"(?) Esa gente, inventora de guerras religiosas e inquisiciones; esa gente que fué verdugo de los padres históricos del humanismo occidental, se ha arrogado las virtudes de sus víctimas llegando inclusive a "perdonar los desvíos" de aquellos humanistas históricos. Tan enorme es la mala fé y el bandolerismo en la apropiación de las palabras que los representantes del Antihumanismo han intentado cubrirse con el nombre de "humanistas".
Sería imposible inventariar los recursos, instrumentos, formas y expresiones de que dispone el Antihumanismo. En todo caso esclarecer sobre sus tendencias más solapadas contribuirá a que muchos humanistas espontáneos o ingénuos revisen sus concepciones y el significado de su práctica social.
VI. LOS FRENTES DE ACCION HUMANISTA El Humanismo organiza frentes de acción en el campo laboral, habitacional, gremial, político y cultural con la intención de ir asumiendo el carácter de movimiento social. Al proceder así, crea condiciones de inserción para las diferentes fuerzas, grupos e individuos progresistas sin que éstos pierdan su identidad ni sus características particulares. El objetivo de tal movimiento consiste en promover la unión de fuerzas capaces de influír crecientemente sobre vastas capas de la población orientando con su acción la transformación social.
Los humanistas no son ingénuos ni se engolosinan con declaraciones propias de épocas románticas. En ese sentido, no consideran sus propuestas como la expresión más avanzada de la conciencia social, ni piensan a su organización en términos indiscutibles. Los humanistas no finjen ser representantes de las mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer más justo apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles en este momento que les toca vivir.
Los Invitamos a estar presentes el dia 6 de Agosto del 2009 a las 12:00Hs en Florida y Diagonal Norte - donde se realizará una Teatralización en conmemoración del Lanzamiento de la Bomba de Hiroshima y Nagasaki.
Para evitar la catástrofe futura, debemos actuar hoy.
El 6 de Agosto de 1945 a las 8 AM, el presidente Truman de EEUU ordenó arrojar la primera bomba atómica del mundo sobre Hiroshima. El 9 de Agosto de 1945, era lanzada la segunda bomba atómica sobre Nagasaki. En segundos las dos ciudades fueron arrasadas y miles de personas murieron en un instante. En los días posteriores fueron muriendo los que se encontraban más alejados de los centros de la explosión y los pocos supervivientes sufren aún hoy las consecuencias de la radiación, que se han ido transmitiendo a las generaciones posteriores. Dias después se producía la rendición del Imperio japonés, marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Los autores de aquella masacre pretendieron justificarla alegando que era necesario forzar la rendición del enemigo, para evitar males mayores, pero la realidad es que aquella monstruosidad ha creado un peligro mucho mayor porque el ingenio nuclear que ellos alumbraron ha crecido y se ha multiplicado hasta amenazar la existencia de toda la humanidad.
Estados Unidos intentó mantener la exclusividad nuclear para que nadie más poseyera esa capacidad de destrucción. Sin embargo, en 1949 la Unión Soviética detonaba su propia bomba nuclear. Desde entonces, el Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, y Corea del Norte han desarrollado armamento nuclear. Hay, además, sospechas no desmentidas de que Israel también dispone de estas armas de destrucción masiva.
Unas 30.000 cabezas nucleares amenazan hoy al mundo entero. Aunque es alentador que los mandatarios de EEUU y Rusia hayan vuelto a poner el desarme nuclear sobre la mesa de negociaciones, no podemos olvidar que vivimos un momento de alto riesgo. A los intereses irresponsables de las potencias nucleares y a la locura de grupos violentos con posible acceso a material nuclear de reducidas dimensiones, debemos agregar el riesgo de accidente que pudiera detonar un conflicto devastador.
Para evitar que se repita una catástrofe nuclear en el futuro debemos actuar hoy. Es necesario crear conciencia de la necesidad de distensión y de cooperación entre los pueblos.
Hagamos fuerza común en la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, exigiendo a los que deciden:
· el desarme nuclear total a nivel mundial, · el retiro inmediato de las tropas invasoras de los territorios ocupados, · la reducción progresiva y proporcional del armamento convencional, · la firma de tratados de no agresión entre países y · la renuncia de los gobiernos a utilizar las guerras como medio para resolver conflictos.
La Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, es un llamado a la conciencia personal de cada uno de nosotros, es la voz que tenemos que levantar todos juntos, es una propuesta moral y es lo que necesitamos hacer en este momento difícil por el que atravesamos.
El horror de Hiroshima y Nagasaki no ha quedado atrás en la historia. Las imágenes del dolor y de la absurda muerte siguen vivas en nuestra conciencia pero al mismo tiempo alimentan nuestra profunda aspiración por un mundo donde nunca más sea posible esta atrocidad.
Hoy recordamos a las gentes de Hiroshima y Nagasaki para dignificar su memoria y fortalecer un movimiento mundial, abierto y diverso, que rechace toda forma de violencia y afirme al ser humano como máximo valor.
Rafael de la Rubia Coordinador Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia.
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