Intencionalidad en la Evolución Humana y Universal



La historia evolutiva de nuestro Universo, desde su origen hasta el momento actual,nos muestra un proceso de ascenso espiralado donde energía, materia y vida avanzan hacia formas cada vez más complejas en ciclos progresivamente acelerados.

La coherencia y actualidad de esta concepción está sustentada por teorías y datos experimentales de las últimas décadas en los campos de la mecánica cuántica,astronomía, astrofísica, biología, antropología y sinergética (teoría del caos,autopoiesis).

En nuestra opinión, asistimos hoy al nacimiento de un nuevo paradigma cosmogónico capaz de sustentar el desarrollo de la civilización humana en los siglos que vendrán.
Especialmente, si en el proceso de modelación en marcha se incluyen los conocimientos y la experiencia de la psicología profunda y la fenomenología trascendental. Los trabajos en estos campos de K.Jung, E.Husserl, R.May, S.Grof,E.Torchinov y Silo, tienen carácter fundamental.

En el contexto de esta nueva visión del mundo, quisiéramos considerar brevemente algunos puntos que, desde nuestro punto de vista, merecen atención.Primera cuestión: la evolución del Universo, la vida, el ser humano, son producto de la casualidad o de la intencionalidad?

El concepto de casualidad no necesita de definiciones complejas. Según nos dice el diccionario, casualidad es un “fenómeno o circunstancia inesperado”. ¿Se puede pensar, por ejemplo, que es una simple casualidad que los elementos químicos pesados surgieran en el transcurso de la evolución de las estrellas? Como advierte con justeza A. Panov en su artículo sobre el Multiverso: “Si el nivel de energía de 7.65 MeV en el núcleo de carbono no se hubiera dado, los elementos químicos pesados nunca hubieran sido sintetizados en nuestro Universo y el surgimiento de la vida no hubiera sido posible. Tal hecho, que de un nivel casual de energía dependa en adelante tanto,resulta completamente increíble”.

Y seguramente lo mismo puede decirse respecto de la conformación de los átomos a partir de nucleones y electrones libres en el plasma primordial, de la formación misma de las estrellas, del surgimiento de la vida, del ser humano... O sea, frente a cada momento decisivo, cuando en el proceso se produce una bifurcación, una elección entre alternativas y comienzo de un nuevo ciclo evolutivo... resulta increíble que todo sea producto de la casualidad.
En lo que hace al concepto de “intencionalidad”, se lo puede encontrar ya en los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles decía: “Lo que se presenta a nuestros ojos es una “intentio” del alma”.

La escolástica, retomando a Aristóteles, utilizó también este concepto. Y a finales del siglo XIX es Brentano quien lo introduce en la psicología occidental. Según Brentano, la conciencia se define por el hecho mismo de ser intencional, direccionada hacia algo, mostrando algo ubicado fuera de ella misma, o sea, presupone un objeto. De tal modo,la intencionalidad otorga significados a la conciencia, dándole sentido.

Pero es Husserl, discípulo de Brentano, con quien el estudio de la intencionalidad adquiere un carácter estricto, en sus “Ideas acerca de una fenomenología pura” y sus “Meditaciones cartesianas”. El consideraba que la conciencia no existe en un vacío subjetivo, sino que es siempre “conciencia de algo”. La conciencia no sólo no puede ser separada del mundo de sus objetos, sino que ella misma constituye ese mundo. De acuerdo a la concepción husserliana, no es posible comprender cómo esta construida la realidad, sin comprender a fondo la intencionalidad de la conciencia que construye dicha realidad. Como afirma Silo en la presentación de su libro “Contribuciones al Pensamiento”, es Husserl quien “abre el camino de la independencia del pensar respecto de la materialidad de los fenómenos”.

El psicólogo americano R. May define etimológicamente a la “intencionalidad” como movimiento en dirección a algo, inclinación, tendencia. En este concepto, lo central es la partícula “tend”, que significa inclinarse, dirigirse hacia. “Nuestra acción – escribe May – no es sólo resultado de excitaciones provenientes del pasado; nos movemos “en dirección a” algo. Por otra parte, esta palabra significa también “ocuparse de”. Nos ocupamos de nuestros seres queridos, de nuestro trabajo, dirigimos nuestra atención a nosotros mismos. En uno y otro caso se manifiesta nuestra inclinación, tendencia”. May da un sencillo ejemplo de la vida cotidiana: “Sobre la mesa hay una hoja de papel. Si yo me preparo para escribir algunas notas en la hoja, entonces veré la hoja desde el punto de vista de su limpieza: ¿ya está escrita o no? Si mi intención consiste en construir con esa hoja un avioncito de juguete para mi nieto, veré la hoja desde el punto de vista de su consistencia. Si en cambio, me preparo para dibujar en ella, entonces veré la rugosa textura del papel invitando a mi lápiz y prometiendo hacer mis líneas más interesantes. En cada caso se trata de la misma hoja de papel y yo soy siempre la misma persona que reacciona ante ella. Pero sin embargo veo tres hojas de papel completamente diferentes. Claro que no corresponde aquí hablar de “distorsión”: es sencillamente un ejemplo de la infinita diversidad de sentidos que puede tener para nosotros esta conjunción de estímulo y respuesta. La intención es direccionamiento de la atención de la persona hacia algo. Así, la percepción es dirigida por la intencionalidad”.

Del mismo modo, a poco de recurrir a la propia experiencia y reflexionar sobre ella, podemos decir que el recuerdo, la imaginación, el comportamiento, son también dirigidos por la intencionalidad.
Por su parte, Silo (seudónimo literario del pensador latinoamericano Mario Rodríguez
Cobos), considera que “la conciencia es intencionalidad” y subraya la “actividad de la conciencia, capaz de transformar al mundo y a sí misma de acuerdo a su intencionalidad”, “el primado del futuro sobre la situación actual”. “Es la imagen y representación de un futuro posible y mejor – escribe Silo - lo que permite la modificación del presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio. Por consiguiente, no basta con la presión de condiciones oprimentes para que se ponga en marcha el cambio, sino que es necesario advertir que tal cambio es posible y depende de la acción humana. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo natural, es una lucha entre intenciones humanas”.

En nuestra visión, intencionalidad, apertura, espacialidad y temporalidad de la conciencia son conceptos claves para explicar la estructura de la vida humana, para describir los fenómenos tanto del mundo interno como del medio que rodea al ser humano.
Por supuesto existen otras miradas en este tema, diametralmente opuestas a la mencionada, según las cuales del ser humano nada depende, todo está predeterminado, impuesto, o por las condiciones naturales, o por los designios de una entidad superior... Pero no creo que sea necesario aquí detenerse en estas consideraciones.

También nos encontramos habitualmente conque, al pronosticar los posibles escenarios de la humanidad a futuro, se plantea la cuestión de cuál escenario es más probable y cuál menos probable. Como si la resolución de estas alternativas fuera un problema de la estadística, independientemente de nuestra actitud respecto de ese futuro.

La visión del Humanismo Universalista acentúa el rol creciente de la intencionalidad humana en el proceso evolutivo planetario; su rol decisivo frente a cada punto de bifurcación histórico. Desde nuestra mirada, es la intención de superar el dolor y el sufrimiento, de superar los límites espacio-temporales impuestos por el propio cuerpo, lo que da impulso y dirección a la acción humana.
Pero desde el comienzo hemos planteado el tema de la intencionalidad no sólo en relación con la evolución humana.

El paralelo es evidente: la tendencia, el “movimiento hacia”, el “impulso hacia”, pueden observarse claramente a lo largo de todo el proceso evolutivo de nuestro Universo. En su obra, Silo va más allá de los límites del individuo, de lo humano, y se refiere a “una Intención evolutiva que da lugar al nacimiento del tiempo y a la dirección de este Universo. Energía, materia y vida evolucionan hacia formas cada vez más complejas”.

Y explica así su concepción: “Cuando la materia se comienza a mover, nutrir y reproducir, surge la vida. Y la materia viviente genera un campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “alma”. El alma, o doble energético, actúa en el interior y alrededor de los centros vitales de los seres animados. Los seres vivos se reproducen y en ese acto pasa, a través de las células en fusión, el campo energético que configura un nuevo ser totalmente independiente”. “La evolución constante de nuestro mundo ha producido al ser humano, también en tránsito y cambio, en el que se incorpora (a diferencia de otras especies) la experiencia social capaz de modificarlo aceleradamente. El ser humano llega a estar en condiciones de salir de los dictámenes rigurosos de la Naturaleza, inventándose, haciéndose a sí mismo física y mentalmente”.

En toda la evolución humana puede observarse una permanente tendencia a la ampliación del grado de libertad. El profesor A.Nazaretián denomina a este proceso “tendencia histórica continua de alejamiento de lo natural”.
Observando el proceso humano vemos cómo, desde una total dependencia de los antepasados a las condiciones naturales del medio ambiente, el hombre, en su camino de ascenso espiralado, fue logrando progresivamente el dominio del fuego, la energía, los procesos físico-químicos y los procesos biológicos. Así hasta hoy, cuando no sólo ha aprendido a producir y controlar reacciones nucleares (del tipo de las que se producen en el núcleo de las estrellas), a controlar el clima, los procesos de producción y reproducción artificial de la vida; sino que se prepara para la manipulación de los códigos genéticos, la transformación de su cuerpo y de su estructura psíquica, la independización de los procesos síquicos respecto de la prótesis física natural... Un salto formidable hacia la indeterminación y la libertad.

Aquí es oportuna la segunda cuestión: ¿qué hacer en esta situación? ¿Cuál es la elección a la que se enfrenta el ser humano en el actual punto de bifurcación histórico?
El enorme potencial tecnológico con que la humanidad cuenta hoy convierte en posible la eliminación total de la vida en el planeta. La posibilidad de un escenario de catástrofe es más real que nunca.
En estas condiciones, a nuestro parecer, la tarea de resistir la violencia en todas sus formas se convierte en un imperativo de la época; resistir no solo la violencia física, religiosa o racial, sino también la violencia económica, sexual, psicológica y moral.
En las condiciones actuales, la elección intencional de cada ser humano se convierte en decisiva para el destino de la especie: ¿aplicar la violencia o resistir a la violencia? Y no sólo la violencia que nos llega desde el medio, sino también la violencia que surge de nuestro interior.

En poco tiempo más, los recursos verdaderamente valiosos del planeta no serán ya los recursos naturales, energéticos, tecnológicos; ni siquiera lo serán recursos intangibles como la información o el conocimiento. En un futuro muy cercano, lo más valioso, como garantía de supervivencia y avance de la civilización humana hacia un nuevo estadio evolutivo, será la bondad.

En este sentido, más que oportuna es la sugerencia de Silo, en su intervención del 7 de mayo de 2005 en La Reja, provincia de Buenos Aires, cuando propone: “En algún momento del día o de la noche, aspira una bocanada de aire e imagina que llevas ese aire a tu corazón. Entonces, pide con fuerza por ti y por tus seres más queridos. Pide con fuerza para alejarte de todo aquello que te trae contradicción; pide porque tu vida tenga unidad”.


Hugo N., 2007.



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